El fin del corporativismo tamaulipeco

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El neoliberalismo, –en la personificación de Carlos Salinas de Gortari– intentó eliminar del sistema político que imaginaron el corporativismo, que tanto fue de utilidad al estado posrevolucionario para legitimarse y amacizarse. La fuerza de los sindicatos –una de las más sólidas redes corporativas– como fue recibida por los tecnócratas en el gobierno, no les era de gran utilidad; sobre todo, porque no requerían de un sindicalismo potente que se revirtiera algún día en su contra.
Las organizaciones campesinas, igualmente. No eran necesarias; la privatización de la propiedad social de la tierra, exigía agrupaciones rurales desarticuladas y sin brújula.
¿Qué pasó en Tamaulipas durante ese proceso?
1.- El arribo de Manuel Cavazos Lerma, primero a la delegación estatal de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), fue el inicio de la liquidación de la urdimbre corporativa en la región. La CTM y la CNC –fundamentalmente–, dejaron de ser entes de utilidad política para el partido hegemónico. De entrada, el nuevo representante del gobierno federal –como delegado y luego como gobernador– achicó las expectativas políticas del sector obrero y campesino oficial.
Dirigentes obreros y campesinos, fueron reemplazados en cargos de autoridad, por otro tipo de clase política. Pedro Pérez Ibarra, Reynaldo Garza Cantú, Juan de la Rosa, Agapito González, Diego Navarro, Marciano Aguilar, y Joaquín Hernández Galicia, fueron echados al olvido para traer a cuadros formados en la nueva estructura social legitimadora y de movilización social: los comités de Solidaridad.
2.- El achicamiento de cuotas de la CTM y de la CNC, en la disputa del poder público. Si en el pasado, estos sectores partidistas poseían conquistas como la tercera parte de los distritos federales y similar cantidad de alcaldes y diputados locales, en los días del festivo neoliberalismo ese pago llegó a reducirse hasta un modesto diez por ciento. Con justa razón: los líderes históricos cetemistas y cenecistas, habían terminado en la cárcel o huyendo de la vengativa mano de la ley salinista.
3.- Con unas cifras de legitimidad aceptables, el gobierno federal en manos de la tecnocracia, pensó que era asunto menor mutilarse esos dos brazos político-electorales. El error fue desaparecer los canales corporativos al tiempo de debilitar al partido dominante. La crisis del corporativismo, se manifestó en las sonoras derrotas del PRI en la presidencia de la república y posteriormente, en los gobiernos estatales.
4.- En la comarca, se reeditó el escenario nacional: casi se eliminó a los cetemistas y cenecistas de las contiendas electorales. Gracias a las pagos que las administraciones estatales otorgaron a los llamados sectores del PRI, sobrevivió una burocracia que medró por décadas presumiendo membresías tan abultadas como ficticias.
5.- En los comicios de hace cinco años, se percibió la declinación de la tela corporativa priista. Con todo y la derrota a manos del PAN, el movimiento obrero priista y cenecista, exhibió una capacidad de movilización menguada pero medianamente útil al PRI.
6.- La reciente elección –2022–, enseña la desaparición, el fin de la urdimbre corporativa del PRI. Sí con Balta como candidato, el PRI obtuvo más de 500 mil votos –de los cuales probablemente cien mil provinieron de la CTM y la CNC– y ahora apenas aportó el tricolor a la coalición con el PAN, 60 mil votos; podría inferirse, que los otrora poderosos pilares priistas, llevaron a votar algunos 12 mil ciudadanos.
¿A quién beneficia ese escenario sin entidades corporativas?
En principio: a obreros y campesinos quienes, sin ataduras con los gobiernos, podrán elegir sus propios destinos.
Y a los partidos políticos, si alcanzan a percibir en dónde quedaron parados luego de la ventolera que arrasó con las añejas instituciones del sistema político tamaulipeco.
Ya lo dijo la conseja popular: no hay mal, que por bien no venga…